Los hechizos de Tania Franco Klein

Inspirada en el Mercado de Sonora, la fotógrafa retrata una inquebrantable creencia en la hechicería.

Por Chloe Aridjis

Muchas de las fotografías de Tania Franco Klein ilustran figuras femeninas que parecen perderse en la inmensidad de un paisaje inhóspito o en un momento de contemplación, los confines del ser contenidos dentro de un interior geométrico. Sus imágenes están bañadas de una cálida luz cinemática, rojo boudoir, y cargadas de una sensación lynchiana de peligro: se asemejan a fotogramas tomados a mitad de una narración, aunque no queda claro si el momento clímax ya ha tenido lugar.

En su nueva serie, Mercado de Sonora (2019), Franco Klein enfoca su mirar por primera vez, luego de muchos proyectos en el extranjero, en su natal México. En el pasado, con frecuencia se ha puesto una peluca y ha girado la cámara hacia sí misma; en este corpus de trabajo, su madre y su abuela se convierten en modelos, en una forma extendida de autorretrato que capta las maneras en que las creencias se transmiten de generación en generación.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

Muchas de las fotografías de Tania Franco Klein ilustran figuras femeninas que parecen perderse en la inmensidad de un paisaje inhóspito o en un momento de contemplación, los confines del ser contenidos dentro de un interior geométrico. Sus imágenes están bañadas de una cálida luz cinemática, rojo boudoir, y cargadas de una sensación lynchiana de peligro: se asemejan a fotogramas tomados a mitad de una narración, aunque no queda claro si el momento clímax ya ha tenido lugar.

En su nueva serie, Mercado de Sonora (2019), Franco Klein enfoca su mirar por primera vez, luego de muchos proyectos en el extranjero, en su natal México. En el pasado, con frecuencia se ha puesto una peluca y ha girado la cámara hacia sí misma; en este corpus de trabajo, su madre y su abuela se convierten en modelos, en una forma extendida de autorretrato que capta las maneras en que las creencias se transmiten de generación en generación.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

El Mercado de Sonora, un vasto mercado tradicional en el sureste de la Ciudad de México, es un espacio, explica Franco Klein, donde se disuelven las fronteras de clase: una muestra representativa de la sociedad: desde el sirviente de la casa hasta la esposa del industrial vienen aquí en busca de sanaciones esotéricas. La política del mercado es evidente en su distribución de género: las mujeres venden hechizos; los hombres venden animales. Porque junto a los puestos de abracadabra y figuras de la Santa Muerte hay un retuerzo de vida silvestre, una gran variedad de fauna amontonada en jaulas, amontonada una sobre la otra, luchando por el aire y el espacio. Alrededor del 70 por ciento de las criaturas transportadas al mercado mueren en el camino; y las que sobreviven a menudo terminan en un espantoso ritual de santería o, en el caso de las especies más exóticas, como mascotas de narco juniors. Durante décadas, las autoridades han hecho la vista gorda ante este lucrativo centro de tráfico ilegal.

Debido a la creciente actividad delictiva, la fotografía en el mercado está estrictamente prohibida. Franco Klein decidió modificar el contexto y llevar los hechizos, las promesas que se están vendiendo, a una esfera más privada para explorar lo que sucede cuando estos productos se llevan a casa. Al hacerlo, ha creado espacios de anhelo y ambigüedad atmosférica, donde cada detalle está cargado de un significado forense. Una y otra vez, se insta al espectador a imaginar el psicodrama que se desarrolla en su interior.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

El Mercado de Sonora, un vasto mercado tradicional en el sureste de la Ciudad de México, es un espacio, explica Franco Klein, donde se disuelven las fronteras de clase: una muestra representativa de la sociedad: desde el sirviente de la casa hasta la esposa del industrial vienen aquí en busca de sanaciones esotéricas. La política del mercado es evidente en su distribución de género: las mujeres venden hechizos; los hombres venden animales. Porque junto a los puestos de abracadabra y figuras de la Santa Muerte hay un retuerzo de vida silvestre, una gran variedad de fauna amontonada en jaulas, amontonada una sobre la otra, luchando por el aire y el espacio. Alrededor del 70 por ciento de las criaturas transportadas al mercado mueren en el camino; y las que sobreviven a menudo terminan en un espantoso ritual de santería o, en el caso de las especies más exóticas, como mascotas de narco juniors. Durante décadas, las autoridades han hecho la vista gorda ante este lucrativo centro de tráfico ilegal.

Debido a la creciente actividad delictiva, la fotografía en el mercado está estrictamente prohibida. Franco Klein decidió modificar el contexto y llevar los hechizos, las promesas que se están vendiendo, a una esfera más privada para explorar lo que sucede cuando estos productos se llevan a casa. Al hacerlo, ha creado espacios de anhelo y ambigüedad atmosférica, donde cada detalle está cargado de un significado forense. Una y otra vez, se insta al espectador a imaginar el psicodrama que se desarrolla en su interior.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

En una fotografía inquietante, una mano parece sostener el hombro de una mujer con un vestido sedoso y una peluca negra, mientras que la otra mano pasa un huevo sobre su cabeza como parte de una limpia espiritual, la energía negativa extraída condensándose en sombra. En otro lugar, los componentes de un hechizo mágico abandonado están esparcidos sobre un suelo alfombrado en una paleta de rojos y verdes oscuros: una pequeña muñeca vudú, un mechón de pelo, una vela quemada. Cerca, los pies de una mujer se empapan en un tazón verde; no está claro si esto es parte del ritual. Otra fotografía muestra tres frascos de perfume, uno de los cuales descansa sobre un billete de doscientos pesos en el suelo de linóleo; de frente se encuentra el zapato blanco de una mujer. Ambas imágenes sugieren un cisma entre el producto mágico y el sujeto humano, un abismo entre la expectativa y la realización.

Unos animales, los “artículos” más perturbadores a la venta en el Mercado de Sonora, aparecen en las dos fotografías más oscuras. Un lechón se posa sobre una mesa cubierta por un paño rojo; mira fijamente a la cámara, acompañado sólo por su sombra, como si fuera un accesorio escénico al que falta su mago. En otra, un sofá de terciopelo verde se yuxtapone con la cola rizada de un cocodrilo (presumiblemente muerto). Arrancados de sus hábitats, estos animales, descontextualizados en el mercado, parecen ahora aún más alejados de la naturaleza.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

En una fotografía inquietante, una mano parece sostener el hombro de una mujer con un vestido sedoso y una peluca negra, mientras que la otra mano pasa un huevo sobre su cabeza como parte de una limpia espiritual, la energía negativa extraída condensándose en sombra. En otro lugar, los componentes de un hechizo mágico abandonado están esparcidos sobre un suelo alfombrado en una paleta de rojos y verdes oscuros: una pequeña muñeca vudú, un mechón de pelo, una vela quemada. Cerca, los pies de una mujer se empapan en un tazón verde; no está claro si esto es parte del ritual. Otra fotografía muestra tres frascos de perfume, uno de los cuales descansa sobre un billete de doscientos pesos en el suelo de linóleo; de frente se encuentra el zapato blanco de una mujer. Ambas imágenes sugieren un cisma entre el producto mágico y el sujeto humano, un abismo entre la expectativa y la realización.

Unos animales, los “artículos” más perturbadores a la venta en el Mercado de Sonora, aparecen en las dos fotografías más oscuras. Un lechón se posa sobre una mesa cubierta por un paño rojo; mira fijamente a la cámara, acompañado sólo por su sombra, como si fuera un accesorio escénico al que falta su mago. En otra, un sofá de terciopelo verde se yuxtapone con la cola rizada de un cocodrilo (presumiblemente muerto). Arrancados de sus hábitats, estos animales, descontextualizados en el mercado, parecen ahora aún más alejados de la naturaleza.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

La composición más esperanzadora —si la fe fuera correlativa a los niveles de luminosidad— muestra un jabón verde y su caja, que lleva las palabras “Ven a mi”, sobre un estante de baño, junto a un peine de plástico verde y un recogedor rojo. La juguetona combinación de colores primarios, colocada contra una pared de azulejos azules, evoca un optimismo ausente en la oscura incertidumbre de las demás imágenes.

A lo largo de esta serie de líricas e inquietantes puestas en escena, Franco Klein deconstruye el sujeto humano y el encanto mágico. Las figuras femeninas —desfamiliarizadas por pelucas o desencarnadas— interactúan con hechizos que también, de alguna manera, se han fragmentado. En nuestro México, un país arrasado por la violencia, la pobreza y la crisis ambiental, estas imágenes ilustran una creencia inquebrantable en el encanto, sin importar qué tan tenue sea su promesa.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

La composición más esperanzadora —si la fe fuera correlativa a los niveles de luminosidad— muestra un jabón verde y su caja, que lleva las palabras “Ven a mi”, sobre un estante de baño, junto a un peine de plástico verde y un recogedor rojo. La juguetona combinación de colores primarios, colocada contra una pared de azulejos azules, evoca un optimismo ausente en la oscura incertidumbre de las demás imágenes.

A lo largo de esta serie de líricas e inquietantes puestas en escena, Franco Klein deconstruye el sujeto humano y el encanto mágico. Las figuras femeninas —desfamiliarizadas por pelucas o desencarnadas— interactúan con hechizos que también, de alguna manera, se han fragmentado. En nuestro México, un país arrasado por la violencia, la pobreza y la crisis ambiental, estas imágenes ilustran una creencia inquebrantable en el encanto, sin importar qué tan tenue sea su promesa.

Mercado de Sonora, 2019, para Aperture. Cortesía de la artista.

*Chloe Aridjis es una escritora mexicana radicada en Londres y reciente autora de la novela Sea Monsters (2019).

Traducido por Enrique Pérez Rosiles. Traducción de los textos al español generosamente financiada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Aperture, otoño de 2019, “Mexico City”. Lea más en aperture.org. La edición de este número se ha producido en colaboración con Centro de la Imagen.